Qué fácil se hace disfrutar escuchando Morbo y Mambo. A pesar de ser siete sobre el escenario uno puede encontrar la simpleza ahí, a primera escucha, tan chiquita y preciosa como una línea de bajo. BOA hace apología del baile: ritmos africanos se chocan con electrónica, el dub tranza con el stoner, el rock se sienta en la misma mesa que el trance. Sin voces que corten el ambiente, el mensaje es claro: disfrutar del viaje que nos propone la música.

No hacen falta palabras para comunicar, y sin decir una palabra, DIETRICH lo dijo todo. Providencia es un disco en el que los instrumentos hablan, nos cuentan historias y transmiten sentimientos. Denso y complejo, nunca deja de ser interesante. Es un viaje lento que nos propone (y nos obliga a) apreciar una y otra vez el paisaje de mares de guitarras reverberantes y paredes de sintetizadores. Pero más importante que los componentes en sí, es la unión de unos cuantos músicos para crear una fuerza superior y, sin verbalizar nada, decir lo que muy pocos pueden decir.

Hacía rato que una banda no me partía la cabeza con sus letras. Con Sr. Chinarro me pasa que son tan buenas que me resulta imposible ignorarlas. Ni siquiera estoy seguro de saber de qué hablan, pero escuchar palabras atonales salir de la boca de Antonio Luque me produce una sensación maravillosa. Perspectiva Caballera es un disco fantástico, muy intenso y con un gran poder evocativo, todo en clave indie/rock/fanderadiohead. Es como si los recuerdos estuviesen ahí nomás de la música, a pesar del “al diablo con la melancolía” que Luque canta en la genial El gato de S. Si te cabe el indie bueno e intenso abrile tu cabeza al mundo de Sr. Chinarro.

Cumbia lisérgica de fiesta y pesadilla. La Psicotropia es un compilado que agarra sonidos bien latinos y los remoja en un balde de droga. En su mayoría instrumental, los ambientes van variando entre rebotes hipnóticos (Octarine Pathways), sintes oníricos (Una pipa con esencia de rosas)  y problemáticas artificiales de  robots del altiplano (Cumbia Cyborg). La idea de Pakapi -el sello detrás del disco- es dar a conocer la música de latinoamérica, siempre con una vuelta de tuerca nueva. La idea del disco es derretirte el cerebro. Bien nuevo, bien latino, bien distinto al resto.

Oscuro, directo, groovero, místico y gris. Cinco adjetivos bien distintos que le calzan justo al nuevo de Los Alamos. Luces Blancas carga con la oscuridad diurna propia de la tormenta. La electricidad en el aire va a cargo de las guitarras -que van bailando entre el blues, la psicodelia y el country- y que, sumadas a los vientos omnipresentes y a la voz parca de Peter López, forman el esquema de la tempestad perfecta. Luces Blancas es complejo desde la instrumentación, pero las canciones son fáciles de escuchar. Grabado en vivo en nada más que dos días, cargadito pero accesible al oido, es un pedazo de disco de rock.

 

Ya desde el bellísimo arte de tapa uno puede ir imaginando por dónde viene el sonido del homónimo de Las Ligas Menores: un paisaje urbano de ensueño,  pintado por trece canciones de dulce, liviano e irresistible indie-pop. Un disco fresco y agradable, como una caminata por la gran ciudad.

Psicodelia tameimpalera y ejecución spinetteana se cruzan en este bello EP de cuatro canciones. El ex dúo, ahora cuarteto, Dead Berlin nos regala un trabajo tan viajero como popero, digno de permanecer en tu cabeza de principio a fin por un largo tiempo. Dos es un excelente combo de canciones relajadas con aire introspectivo, siempre bien cargadas de delay y reverb. Cortito, fresco y al pie.

El tercer disco de los neoyorkinos los encuentra más dulces que nunca, casi empalagosos. Days Of Abandon está lleno de amor, desamor, melodía y baterías ochentosas al estilo A-ha. La voz de Kip Berman está siempre en primer plano, contándonos cómo no puede dejar de ser una persona llena de sentimientos y conflictos, todo en clave pop. El disco está bien, pero no tiene grandes momentos. Es lo que en la enciclopedia de las bandas figura como “disco de transición”.

El nuevo disco de los ingleses nos genera muchas cosas, pero sobre todo esta pregunta: ¿nos están tomando el pelo?

Lo hiciste de nuevo, Jack. Otra vez lograste mezclar el blues con la rabia punk, la nostalgia con la ira; la dificultad instrumental típica de Motown con la soltura del hip-hop; y el virtuosismo con la simpleza. Lazaretto te quedó zarpado, es una continuación perfecta para tu anterior Blunderbuss, pero a la vez es distinto y musicalmente atemporal. El ejemplo perfecto de ésto lo tirás al principio, para que lo escuche todo el mundo: Three Women, una canción machista de hace cincuenta años con un verso que habla de las selfies.

Chabón, felicitaciones por el disco, y a ver cuándo nos juntamos para tomar unos tragos de gasolina.

 

PUNTAJE LECTORES

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DEGUSTACIÓN