Tras un descanso de dos años y medio los integrantes Grizzly Bear se volvieron a ver las caras en el estudio de grabación para concebir su cuarto material discográfico. Las citas comenzaron en junio de 2011 en Texas, bajo la producción de Chris Taylor (quien  ““ incapaz de parar ““ grabó Dreams Come True bajo el seudónimo CANT en 2011). El multi-instrumentista estuvo a cargo de las sesiones de grabación donde empezó a gestarse Shields, un disco esperado y aclamado por la prensa mundial luego de las buenas críticas que recibió Veckatimest (2009).

El primer single que se desprendió del álbum es Sleeping Ute, una balada folk tempestuosa cargada de reflexiones melancólicas y evocaciones oníricas. “Si pudiera encontrar la paz/ Si esta noche sangrara. Pero no puedo ayudarme a mí mismo / Así que camino por estos sueños errantes de las rutas del norte, vestido de oro y verde“, suelta Edward Droste mientras la batería y el xilofón de Christopher Bear lo asechan como una tormenta eléctrica.

Speak in Rounds y Yet Again (el segundo corte) están unidos por una pieza instrumental adormilada que funciona como un puente experimental que uno dos canciones correntosas. Ambos temas poseen una buena cadencia pop con letras que refieren a la soledad y a la fortaleza personal y una experimentación sonora notable. El falso final de Yet Again que se torna cada vez más estridente y áspero sirve para contextualizar esta premisa.

Si bien las mayoría de las canciones están acreditadas al talento de Droste, Daniel Rossen aportó dos bellas gemas: la primera fue Sleeping Ute y la segunda en colaboración con Edward, What’s Wrong. En esta última se puede apreciar un ambiente de cámara emparentado con el sonido de Efterklang (con bombos graves, acolchonado por sintetizadores, arreglos de piano y juegos corales). Sin dudas otra contribución valiosa es
A Simple Answer, otro buen momento de Shields con un interesante juego de voces paneadas a ambos lados y sometidas a diferentes efectos, sumado a arreglos de vientos y cuerdas que te envuelven y hacen levitar a través de desiertos, mantras y máximas de auto-ayuda: “No hay tiempo ni lugar cuando todo lo que esperás es que todo se rompa. No hay bien ni mal, sólo hacé lo que quieras“ ““ arroja Droste en el estribillo.

Creo que lo que más gusta de esta banda es su evolución sonora año tras año o disco tras disco; su capacidad de reinventarse y sus rasgos distintivos de la música tradicional estadounidense combinados con todo tipo de artilugios de la producción moderna. Una banda que merece su espacio en la sonoteca al lado de otras tales como The Decemberists, Noah & The Whale y Bright Eyes, artistas que componen la escena que algunos llaman new-folk.

DEGUSTACIÓN

SLEEPING UTE

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