The XX – Coexist

octubre 19, 2012

The XX

Coexist

2012 – Young Turks

[7.5]

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«Siempre pensé cuán triste era/ la manera de actuar como si fuésemos extraños/ Después de todo lo que tuvimos/ actuamos como si nunca nos hubiésemos conocido», susurra Romy Madley Croft, y este breve momento en el estribillo de Sunset podría ser la síntesis de todo el disco. Coexist, el nuevo álbum de los XX, inunda sus letras del desencanto y frustraciones propias del ocaso de las relaciones, en forma de sentimientos y percepciones con las que cualquiera de nosotros podría en última instancia identificarse (¿habrá acaso algún sentimiento más general y ubicuo que el que declara este verso en cualquier ruptura amorosa?). Narradas en un contrapunto constante entre las voces de Croft y Oliver Sim, la aflicción del amor no correspondido, el abatimiento ante la pérdida de la fe en el otro y la agonía de una realidad ficticia que habíamos percibido real, conforman el asfixiante entramado de versos que pueblan las once canciones.

El ex-cuarteto (ahora trío) londinense cargaba en sus espaldas con la difícil tarea de darle continuidad a un disco debut harto exitoso (estuvo en los primeros lugares de cuanta lista resumen del año circuló en 2009, les valió un Mercury Prize), y más compleja aún si se intentaba dar una vuelta de tuerca a su muy peculiar sentido del pop, oscuro y minimalista. Su apuesta entonces se basó en consolidar su estética y llevarla aún más allá, a un concepto más refinado, más atemporal, reducido a sus expresiones fundamentales, exhibiendo el esqueleto de cada canción.

Coexist, como aquel recordado I Could Live In Hope de Low salido hace casi veinte años, cautiva por la forma en que a partir de una ejecución rudimentaria (generalmente simples progresiones de acordes) y un acertado uso de los silencios (aportando ingravidez y en ocasiones, dramatismo) logra un todo que es mayor que la suma de las partes. A partir de tal economía Croft y Sim construyen con su tenue guitarra y ondulante bajo, atmósferas somnolientas y crepusculares, como si fuese la banda de sonido del desmantelamiento sentimental de un universo personal. Sólo esporádicamente aparecen las bases alienadas e hipnóticas de Jamie XX (que viene fortalecido de sus proyectos paralelos como DJ y productor), deudoras del dubstep de Burial, para aturdir toda introspección, para simbolizar el ajeno y atareado mundo que continúa allá afuera su incontenible frenesí y sólo pudiésemos de forma intermitente tomar conciencia de él, es decir, coexistir.

DEGUSTACIÓN

TIDES

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