Feist

Metals

2011 – Interscope

[6.5]

.


Tras cuatro años de silencio, la cantante canadiense Leslie Feist vuelve al ruedo con un disco hecho de texturas y ambientes. Metals es intimista por donde se lo mire y marca un quiebre en su historial: es algo así como un alegato contra el éxito de 1234, la canción de su disco anterior que la catapultó a la fama.

Pero a Metals, ante todo, es preciso ubicarlo en un espacio físico: fue grabado en una casa modesta en medio de la montaña frente al Océano Pacífico. El dato, que podría ser irrelevante, cobra una importancia especial ya que el ambiente silvestre de un bosque encantado se cuela en todas las canciones. Feist saluda a los pájaros (Caught a Long Wind), canta sobre canoas navegando ríos de neón (The Bad in Each Other), trepa un árbol para construir una casa en lo más alto (Get it Wrong, Get it Right) o revive, como en The Undiscovered First, visiones de lagos cristalinos y sombras en la montaña. En un primer plano está su voz, que es como un canto de sirenas: irresistible, frágil y tan delicada como es posible imaginar. A su vibrato lleno de matices se suma, como telón de fondo, un grupo que rescata del pasado el espíritu del jazz.

Así, el disco transcurre entre pasajes llenos de aire, despojados de sonidos, y la aparición repentina de capas y capas de instrumentos que, lejos de sobrecargar las canciones, las llenan de encanto. Pero Metals, más allá de todo el preciosismo que encierra, termina por ser una colección de canciones monocromáticas. Y si el disco tiene la virtud de ser como la fotografía de un momento, ver una misma imagen durante poco menos de una hora, sin pestañear, termina por ser algo tedioso.

DEGUSTACIÓN

THE BAD IN EACH OTHER

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