Wilco

The Whole Love

2011 – dBpm

[8.0]

.


Mediaba el 2010 cuando el sexteto de Chicago decidió tomarse unas merecidas vacaciones. «Necesitamos recargar energías y olvidar cómo tocar las viejas canciones», confesó Jeff Tweedy por aquel entonces. Su declaración se cernió en partes iguales sobre el hogar de la confusión y el desconcierto. Porque si bien es cierto que el «borrón y cuenta nueva» es un férreo deseo durante las crisis creativas, nadie supo qué expectativas figurarse ante la caída de dicha amenaza sobre el siempre mutante y prolífico prontuario de Wilco. El fugaz impass veraniego que el cantautor se tomó junto a  John Stirrat, Nels Cline, Pat Sansone, Mikael Jorgensen y Glenn Kotche, dio a conocer sus frutos el pasado 27 de septiembre. Espantando los fantasmas de un imposible, lo bautizaron -con cariño y escrúpulos- The Whole Love.

Octavo puesto de la magmática discografía de la banda y puntapié en la cocina de su flamante y autogestionado sello -Decibels per minute (dBpm)-, este LP transita historia con zapatos de estreno. Y aunque la reiteración de lo inédito suena a contradicción -y bienvenida sea ésta-, en ese estamento podría resumirse la extra-ordinaria «inesencia» de Wilco. Porque los siete minutos y monedas de la inaugural Art of Almost lo dicen todo: pasar instintiva y sutilmente del metrónomo espacial al caos de la disrupción eléctrica sólo precisa del mismo enigmático condimento que permitió que el alternative country de la factoría Uncle Tupelo llegase a imaginar el overdubbing de Summerteeth (1999), la textura expansiva de Yankee Hotel Foxtrot (2002), la inmediatez emocional de Sky Blue Sky (2007).  La docena de tracks que componen The Whole Love celebran el ejercicio que Wilco vino realizando de forma religiosa los últimos 17 años; abrazan melodías dueñas de una familiaridad que al tiempo desfiguran, convirtiéndolas en terreno inexplorado, dotándolas de una cara que se jurará siempre fresca, única.

El pegadizo rock pop de I Might será secundado por una base de destellos distorsivos, Sunloath recordará las capas compositivas experimentales y los filosos solos de guitarra de Saucerful of Secrets de Pink Floyd, con la niebla de un piano en las antípodas. En Black Moon lamentos se convertirán en arpegios dignos de Nick Drake, Standing O sorteará con gracia una intro a lo Bowie en Sufragette City para luego estocar con el alegre frenesí de un órgano Hammond. Y al final yacerá esa dulzura expletiva tan propia de Wilco, elastificada en los bellos doce minutos de One Sunday Morning (Song for Jane Smiley’s Boyfriend).

De los móviles vacacionales puede decirse que los muchachos de Illinois lograron recargar las energías con creces. Sin anticiparse, también demostraron «“una vez más- que nunca les faltan nuevos ases bajo la manga con los cuales pasmar. Pero era evidente y reconfortante saber que iba a resultar imposible que olvidasen cómo se tocan las viejas canciones. Ellas están ahí, impertérritas, sustentando lo inédito. Algo así como cuando dos personas se enamoran. Juegan febrilmente a fingir olvidarse del pasado, en el éxtasis y la convicción de que «“ a pesar de la importancia fundante de todo lo ya vivido y sentido- jamás de los jamases experimentaron algo mejor que esto. Es el amor, perecedero y eterno. Es el amor, sí, completo.

DEGUSTACIÓN

I MIGHT

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