Los héroes del indie, que ya no parecían ni tan juveniles ni tan indies, vuelven al ruedo con una obra que resume lo mejor de sus trabajos anteriores. Y nos demuestran, tras casi treinta años de carrera, que las ideas no se les acabaron.


Desde Confusion is Sex (1983), siempre fie
les a su estilo incursionando en lo experimental, los Sonic Youth ampliaron el espectro de la escena underground influyendo a más de una generación de músicos. Luego de Rather Ripped (2006), el año pasado se editó Hits are for Squares, una compilación hecha para la cadena Starbucks que por su tendencia comercial generó polémica entre los fans y, de hecho, constituyó su segunda traición a la música independiente, después de su firma con el gigantesco sello discográfico Geffen en 1990. Pero cuando todo indicaba que la década terminaría sin novedades para los oriundos de Nueva York, vuelven al escenario con The Eternal, producido por John Agnello.

El disco es básicamente una especie de tributo a ellos mismos. Si bien están lejos de caer en el pecado del autoplagio, este no es precisamente su trabajo más innovador. Se perciben reminiscencias de Stooges, Television y Patti Smith, pero la banda más influyente en The Eternal es… Sonic Youth. Tiene de todo: desde las minuciosas y largas producciones (la sideral Anti-Orgasm) que nos remiten a los años más experimentales de la banda, hasta las ráfagas guitarreras y estructuras más convencionales de los primeros noventa, con Goo (1990) y Dirty (1992). Además, con Leaky Lifeboat, dedicada al poeta Gregory Corso, vuelven las alusiones a la Generación Beat que habían mostrado en NYC Ghosts & Flowers (2000). Pero en fin, play.

La expectativa se abre con un dueto de guitarras disfrazadas de campanas que anuncian la llegada del potencial hit Sacred Trickster, dos minutos de punk femenino a manos de Kim Gordon, que incentiva al grupo pidiendo a gritos que la hagan levitar. Y más motivados y renovados que nunca, Thurston Moore y Lee Ranaldo regalan una magnífica explosión de guitarras furiosas (What we know de Ranaldo y Thunderclap for Bobby Pyn de Moore). Aparece también, en contraste con las afinaciones alternativas y las guitarras chirriantes, una cierta incursión en el terreno del pop que, si bien moderada, incluye «yeah-yeah-yeahs» y «la-la-las». Hacia el final se apaga un poco la llama en Massage the History, en la que Gordon invoca a los muertos en una atmósfera de relax con tintes folkies de casi diez minutos.

¿Cuál es el secreto de Sonic Youth? Nadie dice que se hayan sentido «culpables» por publicar un grandes éxitos, pero algo los impulsó a volver a grabar a través de un sello independiente como, en este caso, Matador Records (Cat Power, Belle & Sebastian, Stephen Malkmus). Esto sumado a la adición en el bajo del ícono alternativo Mark Ibold (ex Pavement) generó un despertar en el grupo, un nuevo afán por lo indie, por estar entre los máximos representantes de la vanguardia y para eso, hicieron esta síntesis de su respetable carrera a la que llamaron The Eternal. Que sigan así.

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