Tres años después de su último esfuerzo de estudio -un autotitulado de 2006- uno de los grupos insignes de entre los grandes del rock vuelve a las bateas. Se trata, por supuesto, de los enormes Pearl Jam que, para esta oportunidad, deciden prescindir de las discográficas y lanzar de manera independiente su noveno álbum de estudio, un poderoso y accesible volumen llamado Backspacer.


Y gracias a dios que volvieron, la verdad. Si no entienden por qué el rock de hoy extraña -o debería extrañar- a los liderados por Eddie Vedder, basta con poner play y escuchar la canción de apertura de Backspacer, Gonna See My Friend. Es que -teniendo en cuenta la forma en que han influido en el pensamiento de una generación-
uno espera los álbumes de Pearl Jam ya no como colecciones de canciones sino como declaraciones de principios sobre la vida actual, el mundo de la música y la manera en que debemos encarar nuestras vidas. Si Riot Act reflejaba -y pedía- un momento de sincera introspección y reflexión, si Pearl Jam era pura bronca desatada contra el estado de las cosas, Backspacer es un (necesario) bálsamo para nuestras heridas, un disco optimista y eléctrico, directo y honesto.

En buena hora, Pearl Jam. Después de todo, desde este mismo lugar me he hartado de hablar sobre la manera en que las bandas de hoy sobrecargan de arreglos y vericuetos su música buscando esconder una falta alarmante de verdaderas Ideas (sí, así, con «I» mayúscula). En lugar de caer en esto (será porque tienen Ideas…), Vedder y los suyos abrevan en el pop excelentemente bien entendido, en la new wave, en la belleza de lo simple y nos entregan nuevas canciones con aires antémicos y -lo que es fundamental- optimistas, felices. El corte The Fixer, su lado «B» Supersonic, la punkie Johnny Guitar, Got Some (que se parece demasiado a Gut Feeling del primer disco de Devo, pero bueno, los perdonamos), Amongst The Waves son canciones sencillas y brillantes que cualquier banda de hoy se mataría por componer.

En el mismo sentido -hacia adelante, siempre, sabiendo lo que quieren hacer y por qué, ¿qué otra cosa es Pearl Jam, después de todo?- hallamos bellas reflexiones que Vedder parece haber extraído de su aventura solista en el soundtrack Into The Wild (2007): Just Breathe (uno de los momentos altos del álbum pese a la similitud de su arpegio con el de Guaranteed del disco de Vedder), la preciosa Speed Of Sound y la final (y titulada ad hoc) The End se llevan las palmas en lo lírico, en lo agreste y minimalista de sus arreglos, en la sinceridad que Pearl Jam exuda cada vez que se lanza a hacer música para inspirar a aquellos que los escuchen.

Voy a arriesgarme a un lugar común, pero hay que decirlo: el mundo necesita más bandas como Pearl Jam. Grupos honestos, sinceros, que hagan lo que realmente quieren y digan lo que realmente piensan. Que actúen con la cabeza, sí, pero también con el corazón. Que nos emocionen porque dicen cosas, que nos movilicen porque hacen buen rock, que nos conquisten porque son ellos, únicos e inimitables. Y por sobre todas las cosas, que sigan haciendo discos como Backspacer; discos que la juventud de hoy quizás no se da cuenta, pero necesita.

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