Como su nombre homónimo parecería indicar, en este séptimo trabajo la banda de Jeff Tweedy cierra una etapa repasando con sobriedad todos los matices musicales que supieron recorrer a lo largo de una carrera que ya lleva más de diez años.

Wilco es una banda rara. O para ser más precisos, extremista. Puede hacer música muy convencional y correcta, de esa que le gustaría a tus padres, pero también puede romper con facilidad cualquier fórmula y estructura compositiva para probar con la experimentación más cruda y estrepitosa, de esa que espantaría a más de un vecino.

Tenemos entonces una discografía que va desde el
insulso y aburrido soft-rock de los 70’s (¿alguien dijo «Adulto Contemporáneo»?) de Sky Blue Sky (2007) hasta los divagues y cuelgues sonoros del difícil A Ghost is Born (2004). Ambos extremos se cruzan en Yankee Hotel Foxtrot (2002), la obra maestra del grupo que, al igual que su otro gran disco, Summerteeth de 1999, conjuga innovación y clasicismo pop para sonar interesante y accesible a la vez, sin irse de mambo en uno u otro sentido.

Wilco (The Album) afortunadamente se ubica en este punto medio, acercándose a los mejores discos de la banda. Es cierto que es menos ambicioso pero en su aparente simpleza se esconde una evidente complejidad reflejada en los sofisticados arreglos que adornan y cargan de sentimiento a las sencillas estructuras de las canciones. La bella solemnidad barroca de Deeper Down, la taciturna y delicada mezcla de folk y country de Solitaire y la épica casi minimalista de Everlasting Everything son la prueba de que a veces menos es más.

En Bull Black Nova, Wilco retoma el kraut rock de lo mejor de A Ghost is Born y además suenan como nunca antes se los escuchó, como una máquina arrasadora, ajustadísimos como banda, lo cual parece indicar que la formación actual será la definitiva (es la misma que grabó el disco anterior, antes los integrantes cambiaban constantemente). Wilco (the song) con sus guitarras voladas y One Wing con un gran despliegue del baterista Glenn Kotche y el guitarrista Nels Cline también dan cuenta de una cierta maduración colectiva.

La segunda mitad del disco es menos interesante. El tupillo a clásico vuelve con el júbilo setentoso George-Harrison-meets-Tom-Petty pero mal reformulado de You Never Know, y la balada totalmente prescindible Country Disappeared. Para potenciales hits la banda da un giro radical hacia el indie con la dulce pero pobre You And I junto con la cantante canadiense Feist, y con I’ll Fight, un rock efectivo y pegadizo pero un poco repetitivo y bastante deudor de Pavement. Y es que Wilco es así, un camaleón musical que con los años al parecer se va dando cuenta de qué colores le sientan mejor.

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