Cuando vas a ver a Bestia Bebé: Oda a la amistad | CELC #24

julio 21, 2026

No sé exactamente en qué momento Bestia Bebé empezó a arrancar sus recitales con “No Tengo Nada”, de Embajada Boliviana pero sí cuándo me di cuenta, todavía me acuerdo de la emoción.

Tengo algunos tatuajes, no tengo suerte, no tengo futuro. Traigo malas noticias, todos me escapan, no tengo laburo. Se me acabó la plata y no tengo a nadie que me mantenga. No me importa una mierda, soy conformista y vivo de fiesta. No tengo nada, pero soy feliz

 

Eso reza la letra de la canción de esa banda que se convirtió en una especie de culto y que Bestia Bebé eligió hacer propia para arrancar sus shows. Siempre me puso muy feliz ver a la gente moviendo la cabeza con esos acordes increíbles y cantando ese himno cabeza y loser. Una especie de ¿están preparados para lo que viene? 

Y después salían ellos. 

Ir a ver a Bestia Bebé siempre es un planazo. No importa en cual estés, sabés que la vas a pasar bien. Al igual que la canción de Embajada Boliviana, las letras de Bestia hablan de cosas simples: de tus ídolos, de querer mucho a tu club, de estar bajón, de amar a tus amigos, de no tener ganas de laburar, de estar triste, de tener que llegar a fin de mes, de bardearla, de intentar ser feliz. 

Hay algo profundamente argentino en sus letras: una combinación de resignación, humor, amistad y supervivencia. Una forma de habitar el fracaso sin ser solemne ni hacer una pose de eso: una manera de decir que las cosas están mal sin dejar que eso destruya por completo la posibilidad de disfrutar algo. Las canciones hablan menos de cambiar el mundo y más de sobrevivirlo.

Los recitales de Bestia Bebé hacen bien al alma. Son como el primer café de la mañana o una Coca-Cola helada en un día de mucho calor. No solucionan nada, pero durante un rato hacen que todo sea un poco mejor. Una tradición donde la amistad importa tanto como la música. No tiene que ver únicamente con las canciones, tiene que ver con lo que producen.

Me gustan los perdedores, los verdaderos ganadores

En un contexto de mierda donde todo son malas noticias y casi no existen las razones para entusiasmarse, divertirse es un montón. La gente necesita sentirse bien (yo necesito sentirme bien) y pocas cosas me hicieron sentir mejor en los últimos años que ir a ver a Bestia Bebé. 

Cuando pienso en mis recuerdos más felices del último tiempo, muchos están ahí: en un recital, cantando canciones que hablan de perder, de no tener plata, de estar medio a la deriva. Canciones que, paradójicamente, terminan produciendo exactamente lo contrario de lo que describen.

No sé por qué me siento así, aunque creo que es por vos

 

Ir a ver a Bestia Bebé es una oda a la amistad constante. Abrazar a mis amigos cantando lo quiero mucho a ese muchacho, compartir una lata de birra entre cinco. Cantar todos juntos patrullas del terror. Que arranque a sonar Wagen del pueblo y venga uno desde el pogo agarrándome de la mano para llevarme con él. Compartir un porro, encontrarte y abrazarte con gente conocida. Que te duela la garganta cuando salís porque no hubo una sola canción que no cantaras a los gritos. Mirar alrededor y ver que todo el mundo está en la misma. Fumar mil cigarrillos y tomar mil cervezas sin que importe la resaca de mañana porque sabes que ese momento es único, histórico. 

 

Es que cada canción te identifique, no importa quién seas o que te guste. Es pensar en las cosas que más alegrías te dieron y saber que esas alegrías solo son importantes cuando las podes compartir con gente que querés. 

 

No me importa que a mi me vaya mal si a vos te va bien

 

Bestia Bebé es la banda que mejor representa ser argentino. El amor por tu club, por tu país, por tu barrio y sobre todo, por tus amigos. El amor por las cosas simples y losers. Bestia Bebé no me hace sentir mal por ser una fracasada porque en el fracaso y en ser una loser está lo hermoso.  

Sin exagerar debe ser la banda que más veces vi en vivo. Fui con amigos, fui sola, fui con citas y exnovios. Cada vez que voy es mejor que la anterior; aunque me sienta para la mierda, sé que verlos me va a hacer bien. 

Mil problemas, mil errores, siempre escucho las mismas canciones

 

Cada vez que voy la paso mejor que la anterior. No puedo elegir mi preferida pero si la que más me acuerdo: fue un día de verano entre semana y tocaban en el Konex, ese día grabaron el disco en vivo. Fui con una cita, hacía mucho calor y nos tomamos tres botellas de brahma que se calentaban antes de poder terminarlas. Ese día Racing jugaba una final importante y pasaron en la pantalla de atrás del escenario el partido. En un momento épico mientras la banda cerraba el show, Racing le hizo un gol a unos brasileros que no me acuerdo cuáles eran  y esa noche ganó la Recopa Sudamericana. 

 

Al chico de la cita no lo ví nunca más pero ese recital quedó en mi cabeza para siempre: la intro de jugadores, la concha de su madre a los gritos, seguido del yo me la aguanto, vos abandonas. Que cierren con Pancho y Tony. Fiesta en el Barrio, El Descontrol, y toda esa seguidilla de canciones hermosas una atrás de la otra. Tom Quintans diciendo la policía no te va a ayudar y el gobierno tampoco. Hacer un drinking game cada vez que veíamos a algún chad con la camiseta de racing. Salir con la euforia característica que te deja un recital de Bestia Bebé y darte cuenta que las citas van y vienen pero los amigos son para siempre. 

 

Ir a ver a Bestia Bebé es saber que en este presente oscuro y horrible también siguen habiendo momentos que nos hacen felices. Y que sin los amigos la vida es una mierda.