Viví 32 pensando en que era una snob de mierda, hasta que hoy se me prendió una lamparita.
Lo masivo me genera rechazo. Cuando todo el mundo habla de algo, miro para otro lado. Hay algo en el vómito constante de información que automáticamente genera en mí el efecto contrario: Me cierro, deja de darme curiosidad, lo ignoro, revoleo los ojos y hago de cuenta que no existe. Espero a que se pase, a que baje la espuma y recién ahí, me tomo el tiempo de, si realmente vale la pena, apreciarlo.
Estamos en la era del bombardeo de la información donde hay 800 personas distintas opinando sobre un mismo tema: Rosalía saca un disco y entre mis conocidos veo 30 veces la misma historia de gente diciendo que es lo mejor que le pasó en la vida. Bad Bunny crea un hito y ahí están todos los expertos fanáticos del reggaetón. Alguien hace algo piola y lo terminan quemando y exprimiendo hasta el hartazgo, cómo la delfinización de Colapinto o el análisis exhaustivo de un frame en un video de Taylor Swift. O de repente Geese es lamejorbandaqueescuchasteentuvida. Un círculo vicioso de estupidez. Si no opinamos no pertenecemos.

Y después estoy yo, que veo eso y me harto, lo rechazo.
Por lo general termino llegando tarde a todo y eso a veces se confunde con ignorancia o con falta de ganas de explorar, de conocer. Lo que me di cuenta es que lo que yo creía que era snobismo, es en realidad aprender a darme el tiempo para las cosas.
Aunque soy una shoegazera vieja y por mis venas corre una canción de Hüsker Dü, me gusta Bad Bunny.
Cuando arrancó la moda del conejo malo, yo le esquivé. Pasaban los años y no podía decir una sola canción de su autoría. No iba a boliches, trabajaba en un lugar donde la franja etaria promediaba los 72 años y me había pasado por el costado. No sé si no me gustaba, no me había tomado el tiempo para escucharlo.
Llegué a Bad Bunny por un mashup de canciones de My Bloody Valentine y me di cuenta que, además del sonido shoegaze que estaba de fondo, me gustaban las letras de esas canciones. Ahí empecé a escuchar Tenemos que hablar y Amorfoda, así llegué a x100pre y terminé fanatizada con YHLQMDLG.
Todo este proceso duró, fácil, un año: De a poco, escuchando, relacionando, dándome cuenta qué es lo que me gustaba y que es lo que no de Bad Bunny. Necesité tomarme el tiempo.
El tiempo es un commodity y en esta era espantosa que transitamos no existe para procesar las cosas, estás en medio de un bombardeo constante. Nos tienen idiotas, ignorantes, no nos podemos dar el tiempo para nada.
Yo necesito procesar y entender antes de poder dar mi opinión sobre un disco (aunque a nadie le interese mi opinión): por qué me gusta, qué me genera.
Hasta hoy, sentía que llegaba tarde a todo. Después me di cuenta que la música te llega cuando te tiene que llegar, no cuando dicen los boludos

