2024 fue el año en el que más triste estuve. Los shoegazeros somos personas tristes y medio depresivas por naturaleza, pero cuando a eso le sumás la peor situación socioeconómica que una millenial pueda recordar, la cosa se vuelve más triste y depresiva. Lo que me sacó de ese lugar de tristeza fue ir a recitales.
Este año fui a ver más de 100 bandas, 113 para ser exactos. Hice la cuenta sin querer revisitando mi archivo personal, ví que tenía un montón de videos y dije ¿tantas cosas fui a ver? si, 113.
*disclaimer: Anotando esto me llené de odio porque DETESTO a la gente que va a ver bandas solo por ir y jactarse de eso.
Cuando estás triste todo se agudiza: Amás ls cosas que te gustan mucho más que antes y lo que odiás se vuelve casi insoportable.
Me di cuenta que odio al público porteño más que nunca. Es un público agotador, intenso y pesado, nefasto en su mayoría, careta, que habla mucho, una horda espantosa. Un público que no sabe ver recitales, que quiere pertenecer constantemente, gente que grita mucho todo el tiempo.
También, me di cuenta que es el mejor público del mundo: hace pogo en canciones que no necesariamente son para poguear y siempre está bien arriba. El público porteño te hace sentir increíble, a los artistas sobre todo, por eso todos quieren tocar acá.
La conclusión de mi año de tristeza y recitales es que me gusta muchísimo más de lo que creía el hardcore, que me gustan los shows oscuros y pesados y que las cosas que más disfruté fueron en antros: fui a algunos en lugares de mierda con mal sonido, con la gente toda apilada haciendo pogo heavy, sin lugar para escaparte y lo pasé mejor que en un show careta en el Movistar Arena.
También me di cuenta que el shoegaze está de moda y no lo soporto. NO SOPORTO que exista gente que le guste lo mismo que a mí, no lo puedo tolerar. La vez que en el recital de Diiv me crucé con gente con remeras de My Bloody Valentine casi me da un ataque, lo sentí como una ofensa.
Como estuve tan triste, en vez de ser feliz me dediqué a observar mucho: Me di cuenta que las bandas tienen algo para decir, aunque no necesariamente tienen que dar un statement político. También, que si no lo tienen, su público sí. Es muy difícil no tener plata y poder acceder a ver shows, que las bandas valoran el que vayas a verlas y dan el mejor recital posible todas y cada una de las veces. Que Niceto y La Tangente son carísimos pero que en el Konex te venden un litro de birra a cinco mil pesos.
Como estuve triste, este año me entregué a las cosas que me hicieran salir de ahí: Tuve que dejar de fumar porro algunas veces porque me paranoiqueaba, pero me di cuenta que me gusta la cerveza y que es la bebida que mejor hermana con las bandas que veo. Birra caliente con bajos bien fuertes de fondo es mi nuevo combo preferido.
Me di cuenta que las bandas en vivo suenan mejor que en el estudio.
Que los temas de Mujer Cebra son todos iguales y por eso me encantan. Que les daría una piña a los Winona Riders cada vez que los veo. Que le debo toda mi juventud a los himnos de Laptra, que tiene todo el sentido del mundo lo que pasó con Las ligas Menores, que El Mató se convirtió en una banda para cornudas pesadas que no saben ver música en vivo, que que el disco de Dopplegangs se llame ZZZ tiene todo el sentido del mundo, que el pogo de Boom Boom Kid sigue siendo el mejor de todos. Que pese a lo que creía, me gustó el último disco de Babasónicos, que Dargelos es el ser vivo más importante de este país y qué Bestia Bebé es la banda que más me gusta ver en vivo, siempre es una fiesta. Que El Nota era la banda depresiva, hermosa y medio gede que necesitaba, que la bajista de Mi Amigo Invencible es la mejor persona viva y que no distingo un solo tema de Nenagenix. Me di cuenta que odio el pop en todas sus formas.
También, que la gente no está tan en una como yo pensaba. Me di cuenta que me caen mejor los caretas que los que hacen toda una cosa Impostada por no serlo. Que sigo odiando a los frontmants de todas las bandas como antes, pero ahora los respeto un poco más.
Dentro de toda la tristeza de este año, mis momentos más felices fueron en recitales: Ví a Loquero, bailé con mis amigos y me quedé sorda viendo a Dinosaur Jr. (ahora no escucho la alarma del celular.) Me amigué con la noche, con la resaca y con estar aturdida tres días seguidos. No vi a Smashing Pumpkins pero fuimos con un amigo a la puerta a mirar a la gente que entraba y lo disfruté más que si hubiera estado en el Movistar Arena. También, me enamoré de volver a casa caminando sola después de un show, medio agitada, medio sorda, oliendo a pucho.
Me di cuenta que este año fue el revival de la nostalgia y comprobé que soy una nostálgica de mierda: sigo pensando que todo tiempo pasado fue mejor y me cuesta muchísimo salir de ahí porque las bandas que más feliz me hicieron son las que siguen tocando 20 años después.
Aunque este fue el año donde más triste estuve, me di cuenta que tengo mucha suerte: soy una chica que vive en Buenos Aires fanática del shoegaze en la ciudad que nunca duerme rodeada de gente increíble que le gusta ver bandas como a mi.
Me di cuenta que ser una shoegazera de 30 es mucho mejor que cuando era una shoegazera de 20.
