CELC #9 Cuando lo único que tenés son anécdotas

septiembre 25, 2024

Siendo una shoegazera de 30 años hay cosas que tengo asumidas: no soy tan cool, ni tan linda, ni tan genial como me imaginaba que iba a ser cuando tenía 15. No soy una persona tan interesante, así como tampoco lo son esos que creen que son interesantes.

Nunca pertenecí ni me sumé demasiado a ninguna movida de moda, no porque no me hubiera gustado (¡¡¡si a todos nos gusta pertenecer!!!) sino porque me sentía una ridícula. No encajaba en ninguna. Por eso armé mi propia tribu urbana: la de chicas tristes que escuchan música molesta y toman café adelante de una computadora. Soy como los gordos shoegazeros que se la pasan peleando en reddit pero un poco menos incel y probablemente más alcohólica.

Lo único que tengo a estas alturas, son mis anécdotas. No tengo tantas porque, como dije antes, no soy una persona tan cool ni tan interesante como me gustaría, pero hay dos o tres que destaco siempre y todas, sin querer, tienen que ver con el shoegaze.

Anécdota #01:

Mi mejor anécdota, la que me gustaría que figure en mi lápida, es que soy la única persona que conozco que vio a My Bloody Valentine en vivo. Así como no soy una persona millonaria ni genial, soy una persona que tiene mucha suerte.

My Bloody Valentine se separó en 1991 pero se volvió a juntar en 2013 para sacar MBV, un disco que los gordos shoegazeros esperamos durante mucho tiempo. En 2018 anunciaron una gira en el mismo momento en el que pegué (de arriba) un viaje al exterior. Llegué el 18 de julio y el 22 tocaban en la misma ciudad donde estaba. Fue el destino, el destino shoegazero.

No me acuerdo tanto como me gustaría de ese recital. Fui sola y me sacaron los cigarrillos, el porro y el encendedor en la puerta. Llegué como dos horas antes y estaba nerviosa. En la entrada te daban tapones para los oídos y yo me reí diciendo «qué exagerados estos del primer mundo» pero después lo entendí. A un yankee shoegazero al lado mío se le cayó birra al piso y el ridículo fue a buscar un trapo para limpiarlo.

Tocaron casi todo Loveless y cerraron con “You Made me Realize. Arrancaron con I Only Said y el segundo tema que tocaron fue mi preferido, When You Sleep. Apenas arrancó y pude identificar esa melodía hermosa, me largué a llorar ante la mirada atónita del gordo shoegazero de al lado que no entendía qué me pasaba. Que no tenía por qué saber que yo era otra gorda shoegazera que venía del culo del mundo y estaba viendo a la banda de su vida por pura casualidad del destino.

Lo que siguió se volvió borroso. En un momento me tuve que ir al fondo porque el sonido era tan intenso que me dolía el pecho. Tocaron con más de veinte amplificadores enfrentados en el escenario, los conté. Biliinda Butcher (la guitarrista de MBV) no miró ni interactuó con el público nunca. Volví en un Uber totalmente aturdida y flotando en una nube. Fue hermoso.

Anécdota #2: 

El día que me subí a un tren con un amigo de internet que nunca había visto personalmente, que me llevó al cementerio de Avellaneda a visitar la tumba de Luca Prodan. Le dejé una petaca de ginebra y lloré con ruido.

Anécdota #3: 

El día que conocí a Slowdive y me robé una púa que creo que perdí.

Anécdota #4:

El día que le conté la anécdota de cuando fui a ver a My Bloody Valentine a Walas de Massacre y se murió de envidia.

Por esas cosas del destino terminamos fumando un cigarrillo en el mismo patio y si bien me contuve para no decirle lo mucho que lo amo, Walas rompió el hielo mostrándome que teníamos los mismos borcegos. Me contó que eran de mujer pero se los mandó a hacer especialmente en su número. Terminamos teniendo una charla maravillosa sobre música que arrancó bardeando a Brian Jonestown Massacre por cagarse a piñas en el escenario (parece que algún medio se confundió y flashearon que fueron Massacre los que se cagaron a piñas en un escenario). Comentamos el show que dieron el año pasado en el C, hablamos también del show de Slowdive, de la cantidad de pibitos que están metidos ahora en el shoegaze.

En ese momento no pude con mi genio shoegazero y le conté mi anécdota de My Bloody Valentine. Me confesó lo mucho que le gustaba Loveless y se murió de envidia. Después me cerró el orto porque él compartió escenario con Sonic Youth y yo nunca podría ganarle a eso.

A estas alturas, entonces, lo único que tengo a mis 30 años son estas anécdotas, mi gato, a los gordos shoegazeros de Reddit y un cd de Loveless que atesoro como si fuera oro, no tengo nada más.