John Goodblood «No quiero dar un mensaje anti-tecnología o me cago en los DJs»

mayo 23, 2018

John Goodblood se crió en Estados Unidos, en Virginia. Sus padres fueron al país del Blues por asuntos laborales y en ese contexto John aprendió a tocar y sentir esa música. Aprendió de sus vecinos el oficio del Blues y en las academias musicales formó su aprendizaje. A los 10 años ya tocaba el bajo y el banjo. Yo nací al sur de la frontera, pero bien al sur, casi en una especie de maqueta continental de la Antártida, sin embargo, aprendí a amar el Blues. Amé los discos de John Lee Hooker, las grabaciones de Robert Johnson, busqué por cielo mar y tierra algún registro de Daddy Rice, hasta que me enteré que nunca había grabado, soñé haber encontrado alguna vez una grabación de Charlie Patton en la Deep Web; navegué rió arriba el Mississippi y recogí algodón en los campos de Alabama; después me mudé a Memphis en busca de trabajo en una fábrica de autos, hasta que finalmente me mudé a Buenos Aires y me perdí en sus calles y subterráneos y vivo acá desde entonces. John Goodblood, también. Por eso fue mágica nuestra conexión telefónica, repasando historias de vidas que no vivimos y hablando de su música, un par de remasterizaciones de sus primeros EPs Cabaret Blues y Bad Lands, que vendrán acompañados por gemas inéditas.

Empecemos por el principio ¿Cómo fue la presentación del nuevo disco de Harm & Ease, Black Magic Gold, y en un lugar mítico como La Trastienda?

Fue algo muy especial, teniendo en cuenta que hicimos una rueda de prensa. Estuvimos juntos como por cuatro meses, ensayando, yendo a radios, y al estar estar unido hizo que el show fuera una explosión. Fue como una culminación de la primera parte del año. Y en cuanto al disco, creo que lo hicimos mejor que el disco, porque fuimos con los vientos, con violinistas. Y yo no pensé que iba a ir tanta gente.

¿Creés que la movida está en llevar la magia del vivo al estudio o es al revés?

Hace un par de años, Ricardo Tapia me dijo que el estudio es hacer cine y que el vivo es hacer teatro. Me lo dijo cuando yo estaba grabando una voz y me dijo ‘no cantes como en la calle‘. A su vez, yo comparto esa visión de llevar la crudeza del vivo al disco o al revés. Como que podés tener la crudeza del vivo o la fineza del estudio. Pero yo vengo de tocar una música que se toca y se canta y se hace con los dedos, la garganta y el cuerpo. Entonces yo estoy en mi elemento en el vivo. Mi faceta más del estudio y la producción es con mi trabajo en Panda. Pero no sé cuál es la respuesta, porque ya he probado la dos formulas pero muchas veces el tema te dice qué hacer.

¿Por qué decidiste remasterizar aquellos trabajos que hiciste nada más y nada menos que con Ricardo Tapia y  Dylan Lerner?

Porque cuando grabamos esos discos yo no disponía de la posibilidad de grabar en Panda. Y justo se dio que lo planeamos con Harm & Ease sabiendo que el cantante y el guitarrista se iban a tocar a Canadá después de La Trastienda. Así que yo pensé que sería bueno lanzar todo ese material formalmente en las plataformas, y obvio que fui a Panda y lo pasé por cañerías del lugar, por una máquina de cintas, un amplificador y reverberaciones para darle un sonido más contundente. Quería hacer una puesta en valor de ese material que tengo y es mío.

¿Cómo fue para vos laburar al lado del referente del Blues local?

Yo soy muy agradecido. No sólo por el material sino por muchas cosas. No necesariamente por ser un músico de Blues, el ámbito del Blues Argentino me abraza con todo el amor del mundo. Ya tuve ocasiones en las que Botafogo me criticó por cantar en inglés y cosas así. Y Tapia fue como uno de los únicos que de forma desinteresada se acercó. Me enseñó a cantar desde la panza, para no gastarme las cuerdas vocales. Y cuarenta y cinco mil otras cosas, desde historias del blues o algo importante que también me dijo que fue que yo soy un gran compositor y un pésimo vendedor. Y en ese momento, creo que tenía razón. Me enseñó a ofrecer lo que yo hago de una forma más directa, no tan rebuscada. Y eso me ayudó un montón. Hoy trato al menos de ser un vendedor medio.

¿Cómo te llevas con la tradición bluesera de Argentina, más allá del incidente con Botafogo?

Hace un par de años hicimos una cena juntos con Medina y un amigo músico (que también trabaja con él) y canté para él y nos llevamos bien. Yo tengo mucho respeto por Manal, Tapia y los demás porque ellos hacían temas propios. No hacían versiones y yo con eso me identifico mucho. Yo les tengo toda la estima, simplemente se da que hay como una hostilidad. Yo entiendo que haya gente que se enoje porque cantamos en inglés. Pero para mí la música es el idioma universal y no distingue colores y fronteras. Además, aunque acá algunas personas se concentren más en esa parte de que canto en inglés, tengo todo un subtexto argentino en mi música. Yo escribí un tema sobre Victor Saldaño, que es el único argentino condenado a muerte e hice un tema sobre ese tipo, que está en una especie de spanglish sobre lo que pasó y rechazando la pena de muerte (más allá de las atrocidades que hizo).

¿Cuál fue el Bluesero que te partió la bocha?

El formato Bluesero es un formato boogie boogie que es bien común y se repite hasta hoy en día, pero cuando tenía 18 años empecé a escuchar a un tipo que se llamaba Blind Willie McTell. El tipo hacía sus propias canciones, agarraba el lenguaje pero no lo hacía con el típico estándar que se sigue usando. Él agarraba los tonos y la armonías y formulaba sus propias historias que sólo él podía tocar, pero a la vez están inmersas en la tradición. Yo me di cuenta que podía tomar este género y llevarlo a extremos.

No one can sing the blues like Blind Willie McTell – decía Dylan y justamente se viene un cover de él ¿Cómo surgió la lección de ese tema, que no es de la etápa más vanagloriada de Dyan?

Ese tema hace varios años que me gusta. Things Have Changed va a venir acompañado de un video que hace referencias a procesos socio-políticos que ocurrieron en la Argentina. Todo tipo de footage del pasado oscuro argentino y esa es como la idea. Ese sentimiento de que las cosas cambian. Como que usamos las cosas como esqueleto pero hay una historia detrás. Además el tema siempre me pareció que denuncia la falsedad. Onda, esa frase que dice «All the truth in the world adds up to one big lie«. Y mucha música se trata de denunciar la hipocresía, la injusticia y la maldad en el mundo. Un tema que siempre me representó muy bien. Es más, lo grabé hace varios años el tema, en la misma tanda que Bad Lands y por eso es que ahora salió como bonus track.

¿Cuáles son esos Bouns Tracks que vendrán con estas remasterizaciones de Bad Lands y Cabaret Blues?

Cuando abrí las carpetas de la sesión de Bad Lands encontré estas grabaciones que estaban buenas: una versión eléctrica de un tema que siempre tocaba acústico (con un Hammond), que va a ser el extra track de Bad Lands. Y estaba esta versión de Things Have Changed, que es solo una guitarra Dobro, un saxofón (muy nostálgico) y pensé que estaría buenísimo incluirlo en las remasterización y hacer un video. Sentí que realmente las cosas cambiaron, desde ese tema hasta ahora, y está bueno hacer una puesta en valor de ese tema, que no es que estoy sacando Like a Rolling Stone.

La crítica obvia es que al ser un Bluesero sos purista y nostálgico ¿Cómo te llevas con las redes y la música moderna?

Yo me estoy incorporando cada vez más a las redes, más recientemente. Trato de hacer parodias o humor negro en Instagram con las historias. Puedo hacer una crítica de que es tanta la maquinaria que es difícil estar sobre la superficie ante tanta exigencia. No quiero dar esa imagen anti-tecnologías, me cago en los DJs. Yo me adapto. Creo que hay un lado positivo con la tecnología y eso de todos tenemos una ventana al mundo. Lo que sostengo es que tecnología no nos va a faltar, va a venir la realidad virtual y vamos a tener más tecnología con el tiempo. Yo creo que hay que preocuparse en que no falte humanidad en lo que hacemos. En todo sentido.

¿Cuando van a ser las presentaciones en vivo de estos nuevos-viejos materiales?

El 24 tocamos en Makena y el 15 de junio en Lucille. En Makena es una fiesta, tocamos en una fiesta, un set más rockero, más corto. Y lo de Lucille es una entrada más tranquila en trío, un intervalo y después salimos con toda la banda, a tocar más pulenta, más arriba. Y como yo no soy como B.B King y mis temas duran 2 o 3 minutos, tenemos un repertorio como de 25 y hay un sólo cover. Son todos temas que hice entre 2014 y ahora.