Creo que jamás escuché a alguien reír tanto durante una entrevista. Es que algunos tienen la dicha de nacer más de una vez. Se cagan en la anestesia de los registros civiles, se burlan de los números plastificados y las fotos petrificadas formato carnet. Rashad Harden llegó al mundo con la década de los ’80 pisándole los talones pero volvió a nacer en 1992, el día que Tupac Amaru Shakur, según muchos el mejor mic controller que dio la historia del rap, lo desafió a él y a todo lo que lo rodeaba, desde el otro lado de la pantalla.

“Me importa un carajo”, le dijo. Criminal y mártir, eternamente joven, interpretando a Bishop, un adolescente perdido por las calles neoyorquinas de Juice, la película de Ernest R. Dickerson.

RASHAD

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-Tuve una infancia típica para los Estados Unidos. Mi familia era de clase media, no era pobre ni rica. En el colegio era muy usual participar de la banda escolar. El camino habitual era pasar de ahí a la banda marcial y, después, terminar en una banda de jazz. Con la banda de jazz uno tenía la oportunidad de viajar y tocar en otros lugares. Eso era lo que realmente quería hacer, así que me la aguantaba. Tenía 7 años, tocaba la batería. Fue una gran experiencia de aprendizaje. Podrá sonar extraño, pero fue sin duda lo que me trajo a este momento musical de mi vida.

Todo empezó con sus padres y Miles Davis. La época dorada de MTV hizo el resto. Van Halen, Guns N’Roses, Michael Jackson, Prince, George Michael. Incluso, Dolly Parton. Le causa gracia el identikit musical de su generación. Está convencido que haber sido “bebé de los ’80” fue una bendición. A los 11 años escuchó French Kiss del DJ Lil’ Louis y se dio cuenta que, en su corazón, las bandejas de la Ciudad del Viento le habían ganado la pulseada al swing de New Orleáns. Un año y muchas changuitas cortando céspedes vecinos más tarde, compró su primera drum machine: una DR-600. La Dr. Rhythm le salió lo que era una fortuna para aquel entonces: 200 verdes. Cuando tuvo la edad suficiente, comenzó a trabajar cocinando hamburguesas en el imperio del payaso Ronald. Con esos billetes, compró vinilos. Muchos vinilos. Pasaba horas en la difunta Hot Jams y Gramaphones, revolviendo las bateas de dos de las más célebres disquerías de Chicago.

Lil Louis / Mike Dunn / DJ Deeon / Paul Johnson / FatBoy Slim / Run D.M.C

-En Chicago, estaban abriendo discotecas para los adolescentes y skateparks. Empecé a frecuentar esos lugares desde muy chico, metiendo las narices con mis amigos. Escuchábamos house, lo cual nos hacía querer bailar. Bailábamos, lo cual nos hizo querer ser DJs.

 

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Footwork. Dícese de 160 beats por minuto. Baby C’mon de Ol’Dirty Bastard sampleado por el pionero RP Boo en 1997. Un hijo bastardo del juke, del house, de la música disco. La densidad del bajo entrando en reemplazo de la velocidad de los palillos. Un intercambio constante de energía entre las ideas y la cinética. Un plaga diseñada en los suburbios de Chicago. La música que DJ Rashad ““a través de Teklife Vol 1: Welcome to the Chi (Lit City Trax, 2012)- hizo accesible a todos los oídos, a todas las clases de zapatos.

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A DJ Spinn lo conoció bailando en una de esas pistas de rollers que supieron proliferar en los ’90. Allí, saber cómo mover los pies infundía el mismo respeto que un triple de espaldas en el último segundo, un gol de arco a arco, una Ollie hardflip de 360 grados. Estaba en séptimo grado. Esa música que escuchaban en los clubes y en la calle, pero que jamás oían en la radio, los convirtió en hermanos. “Antes de llegar a la escuela secundaria, cuando el footwork aún no era footwork, nosotros ya sabíamos cómo bailarlo”.

-¿Recordás tu primera batalla de footwork?

-(Carcajadas) Claro. Justo estaba dejando la banda de jazz. Tendría unos 11 años. Nos colamos con unos amigos en una discoteca, sin saber lo que estábamos haciendo. Nos enfrentamos a unos tipos que eran, sin que nosotros lo sepamos, los mejores. Creíamos saber todo, teníamos las rutinas de baile que habíamos preparado en nuestras casas pensando que íbamos a aniquilar el lugar. Nos destruyeron (risas). Lo gracioso fue que, poco tiempo más tarde, con Spinn pasamos a formar parte de ese grupo, House- O-Matics, mi primera crew de baile.
El baile duró hasta que la intención de hacer bailar a otros lo opacó, en una ciudad y una época en las cuales ser DJ ““según las propias palabras de Rashad- era cosa seria. Technics 1200, vinilos, ganarse el respeto de las leyendas.

“En Chicago, si eras bailarín y DJ al mismo tiempo, se burlaban, pensaban que sólo lo hacías para entrar gratis a las fiestas. Una vez que logramos todo lo que queríamos lograr en el baile, con Spinn abandonamos la pista porque teníamos que poner nuestras energías en esa nueva etapa. Tomó un tiempo pero finalmente nos ganamos el respeto de todos los que comandaban el juke y el ghetto house en la ciudad, esos nombres que habíamos conocido a través del sello Dancemania: DJ Deeon, Jammin Gerald, DJ Funk, DJ PJ. Nos sentimos muy bien al respecto”.

Rashad editaría su primer lanzamiento en vinilo en ese mismo sello discográfico, uno de los más prestigiosos del ghetto house de Chicago. Del otro lado del sencillo, llamado Child Abuse (1998), lo acompañaría ““claro- el Motherfucker de su hermano. Dos años más tarde y tras veinte años de historia, Dancemania cerraría sus puertas. “¿Podés creerlo? Hicimos de todo para poder entrar ahí. Era nuestra meca. Finalmente lo logramos, hacemos un disco con ellos y cierran. Parecía una broma”. Y ríe, como si realmente fuese un chiste.

rashad2

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-El modo en el que lo dice en esa escena, es increíble. I-don’t-give-a-fuck.

Imita puntillosamente la voz de 2Pac, como si la estuviese sampleando. Más de veinte años después de Juice, Rashad tomó fragmentos de los diálogos del film, los sampleó e hizo una canción que se llamó -claro- I Don’t Give a Fuck.

-¿Qué me importa un carajo? La política, la policía, ese tipo de mierda. ¿Qué cosas me importan realmente? La música. Los amigos cercanos. La familia, sin duda, primera en la lista.

Chad tiene cuatro años y vive en Chicago. De acuerdo con la academia, no toca ningún instrumento. Difieren, por otra parte, las paredes del estudio hogareño de su padre. Parece dominarlo todo, cada tarde, cuando entra sin invitación a jugar con el moog y los samplers de Rashad, MPC 2500 y MPC Renaissance.

-No le muestro la música profana que hago (risas). Pero está orgulloso de mí. Y yo de él. Eso es todo lo que necesito.

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Con Double Cup (Hyperdub, 2013), DJ Rashad decidió tomar el frenesí de Teklife Vol 1 y combinarlo con “algo melancólico pero no triste”, con el ánima del rhythm & blues. Algunas de sus canciones favoritas del álbum ““Feelin’, Let U No y la homónima Double Cup– son ejemplos de esa dualidad propia de la bebida que da nombre al disco. La agudeza del azúcar; la analgesia de la codeína, también. Pero además, la idea de reafirmar más que nunca la premisa de Teklife, ese grupo de DJs y productores que fundó en 2012 siguiendo el espíritu de otra conjura personal ““Ghettoteknitianz– , cambiando sólo una regla: ahora todo el mundo más allá de las fronteras de Chicago podía ser una pandilla.

DJ Rashad / DJ Spinn / DJ Manny / RP Boo / DJ Gant-Man / Taso / Traxman / Heavee D / Boylan / DJ Earl / DJ Tre / DJ Taye / Lightbulb / Durban / TCJ / Tripletrain / Ashes57 / Deejay Chap / Feloneezy / Jackie Dagger

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-¿Qué planes tenés para el futuro?

-En este momento, estoy trabajando con Freddie Gibbs, Danny Brown y Chance The Rapper. Produciendo el trabajo de otros, que es mi sueño. Como estoy de gira aún no logré dedicarle el tiempo que se merece, pero ya está comenzando a suceder. Está funcionando.

-¿Cómo te imaginás a los 60 años?

Como un viejo cascarrabias, responde.

Y ríe. Ríe con ese sonido límpido y contagioso, sincero, estruendoso. El eco de su risa se expande en el espacio nocturno del lobby del hotel. Pienso en la biografía que un amigo tenía en su cuenta de Twitter: “Un día nací. A ver cuándo repetimos”. Su polisemia me obligaba a sonreír cada vez que la leía. Menos de una semana después de mi encuentro con DJ Rashad, en esa misma red social, la noticia de su muerte comenzaba a proliferar. Se demoró un poco la confirmación oficial. Así como demoré en transcribir esta entrevista. Un poco por el desconcierto, otro poco por tener en mi poder la grabación del sonido de una voz que en lugar de haber muerto, crecía. También, por la tristeza. La tristeza de saber que hay gente que tiene la dicha de nacer más de una vez; y que él era de esa estirpe que podía, incluso ya habiendo resucitado, hacerlo otra vez. Pero más que nada, y en definitiva, porque hay cosas que -en comparación con reinventarnos cada día- deberían importarnos verdaderamente un carajo, en esta vida.


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