Cabalgando en una mariposa

noviembre 24, 2010

Y aquí estoy, friendo patatas con mi gato Gregorio. Sé que estuve desaparecido pero no pienso dar explicaciones, una persona que intenta salvar el mundo no puede aparecer con rigurosidad todas las semanas. Anoche estuve jugando a los naipes en lo de George García y nos acordábamos de unos viejos amigos con los que compartimos un departamento en el año 88 en Berlín. Fabrice y Rob (también conocidos como Milli Vanilli) eran excelentes cocineros. Pero como todo buen cheff tenían sus especialidades. Nunca olvidaré las sensaciones que recorrieron mis papilas gustativas el día que probé ese pastel de papas.

Mi mesa de luz

La historia supongo que la saben: mis amigos no cantaban sus canciones, hacían playback, los descubrieron y hasta les hicieron devolver un Grammy que habían ganado. Ahora bien, lo que seguramente no sepan es que fui yo el que grabó las voces en los discos. Las vocales de Milli Vanilli pertenecen a la persona que les escribe ¿Sorprendido? Pues hay más tío, fui yo también el que dirigió cada uno de sus videoclips (muy buenos por cierto) y el que dio a conocer a todo el mundo que ellos en verdad no cantaban ¿Por qué lo hice? Tuvimos una pelea con cuchillos (de cocina) una tarde de lluvia en la que las cosas no andaban bien. Nadie salió herido pero con George tuvimos que abandonar el monoambiente de Berlín y regresar a Marruecos antes de que esos locos nos maten. Claro que lo primero que hice fue vengarme, aunque nunca pensé que el final podría ser tan trágico. Pero eso no viene al caso, lo importante es que los Milli Vanilli siguen vivos en nuestros corazones, en el imaginario global y hoy, desde aquí, los quiero nombrar ciudadanos ilustres de Buenos Aires.

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