Phoenix, Daft Punk y la inmensa alegría de estar vivo

«Soy Facundo Enrique Soler, tengo dos entradas a mi nombre», dije en un inglés tímido a un norteamericano con demasiada cara de norteamericano que se encontraba sentado tras un vidrio. Después de comprobar mi identificación y buscar en unos sobres me dio dos ticktes. Los leí y decían que esa noche Phoenix se presentaba en el Madison Square Garden de Nueva York. «Thank you», grite inevitablemente y salí corriendo antes de que me los pidan devuelta. Me di cuenta que iba a presenciar lo que iba a estar sucediendo dentro de un mes en Buenos Aires…

Una vez dentro y con el recinto a medio llenar (o menos), las luces se apagaron porque eran las 20 y comenzaba Wavves, la primer banda invitada de la noche. El trío surf punk descargó toda la violencia de su último disco King Of The Beach y dejó en claro que todavía no están para tocar en un estadio. Casi nadie celebraba sus canciones y en cada silencio, un gracioso de la platea les gritaba insultos como: «Ustedes apestan». Poco les importaba a los post adolescentes, que mientras entonaban temas cortos como Idiot o Mickey Mouse, movían constantemente sus cabezas repletas de pelo. El cierre de su recital de 30 minutos estuvo acompañado por el tema que le da nombre a su álbum, único momento en que el público respondió con un aplauso decente. Los Wavves se retiraron tras agradecer a la nada con la idea fija de que faltan algunas descargas ilegales más para que puedan llenar el Madison Square Garden.

Pasaron 20 minutos y entre cerveza (en este país se puede tomar alcohol en los recitales masivos) y charla con algún local se pasaba el rato en este gigante de asientos que comenzaban a llenarse. Las luces se volvieron a apagar y el primer momento mágico de la noche sucedió: Dirty Projectors estaba en el escenario.

Muy de locales, este grupo mixto de ¿folk? ¿indie rock?¿experimental? agarró sus instrumentos y comenzó a tocar con una pantalla gigante a sus espaldas que reflejaba la tapa de Bitte Orca, su increíble disco debut.

Dirty Projectors en vivo tiene la misma virtud que en sus temas de estudio, en ambos ámbitos encuentra la facilidad para darle una melodía a cada instante. Nada queda al azar y entre gritos desgarradores, guitarras distorsionadas (increíblemente en un tono agradable) y un bombo constante que marca casi todas las canciones, lograron cautivar a los afortunados allí presentes.

Elegir un momento de esta presentación sería una picardía por que en su mayoría todo fue genial. Pero verdaderamente lograron estremecer en temas como Canibal Resource, Temecula Sunrise y Two Doves. Si lo que buscaban era calentar el escenario, lo lograron y ojalá podamos verlos en Sudamérica cuanto antes. Nos perdemos de mucho.

Ahora sí, ya se habían presentado los invitados. El estadio estaba lleno, un humo gris invadía el escenario y entre una oscuridad inmensa sólo se podía percibir una enceguecedora luz que venía de frente. Una alarma aguda comenzó a chillar hasta lograr que mi piel se ponga de gallina ante semejante elaboración de circunstancias. El momento había llegado, Phoenix hacía sonar los punteos de Lisztomania, primer tema de Wolfgang Amadeus Phoenix y un hit perfecto para abrir un recital inolvidable.

Con dos pantallas a los costados que mostraban todo lo que sucedía en el foco de atención, los franceses se dedicaron a repasar todos los temas de su último disco y algunas viejas perlitas de sus trabajos anteriores. El sonido era perfecto, las luces envolvían y la gente no paraba de gritar. El público norteamericano no es el más entusiasta de todos pero hay que reconocer que verdaderamente enloquecieron con canciones como Lasso, Girlfriend y Armistice.

En todo momento el cantante Thomas Mars se mostró como loco con la gente y cada tanto bajaba a apretar manos con los primeros en las vallas. Otro entusiasta de interactuar con la audiencia era el guitarrista Lauren Brancowitz, que se la pasaba haciendo gestos hacia la masa de personas que tenía delante.

Hasta ahí el recital era grandioso, pero paso a ser perfecto con la interpretación de Love Like Sunset: ese tema experimental que maneja tiempos para arriba y para abajo símil a un despegue espacial. En este caso lo hicieron aun más psicológico y se dedicaron a hacer estallar al público (que se encontraba cubierto por un telón blanco enorme que había descendido del techo) con este hit rebuscado de rock pop volador. En ese momento me di cuenta que Phoenix tiene todo fríamente calculado, ya que manejan bien los tiempos y a la vez se divierten haciéndolo. Todo el grupo mostraba una sonrisa al realizar la lista que nutría al recital.

Tras casi una hora de show las luces se apagaron. Los músicos tiraron sus instrumentosy se fueron tan sólo dejando ese sonido de alarma con el que habían abierto la presentación. Unos 5 minutos después se ilumino el centro del estadio para mostrar a los Phoenix con guitarras acústicas en el medio del mismo. Otra sorpresa mas que fue bien recibida por la audiencia que hasta ahí, ya estaba satisfecha, pero de verdad, eso no era nada. Tras realizar el hit If I Ever Feel Better, las luces volvieron a teñirse de negro y en las pantallas sucedió algo único. Daft Punk (si, leyeron bien, Daft Punk) estaba en el escenario. Los dos franceses con sus cascos robóticos característicos estaban en las bandejas (que no utilizan en vivo hace años) y comenzaron a tocar Harder Better Faster Stronger. Okey, debemos parar acá y ponernos a pensar. Phoenix en su mejor momento y para colmo los dioses de la electrónica francesa de sorpresa. ¿Suficiente? No, por que después de los bises de Human After All y Around The World, Phoenix retornó al escenario para realizar 1901, su otro gran hit de Wolfgang Amadeus Phoenix. Ah, junto a Daft Punk . A esta altura, debo confesar, el crónista apareció bailando en medio de la platea.

¿Se acuerdan que les conté que el público era medio agreta? Bueno, después de esto recibieron su lección. Todos se pararon para saltar, gritar y bailar. La armada musical francesa había conquistado los corazones norteamericanos y los tenía a su merced.

Tras un final con guitarras oxidadas casi al limite del grunge, tanto Phoenix como Daft Punk se pararon delante de la audiencia y abrazados saludaron a todos los que debajo los ovacionaban. El final había llegado y yo salía caminando, medio confundido por el hecho histórico que acababa de presenciar y, a la vez, ilusionado de que esto iba a pasar dentro de un mes en Buenos Aires. ¿Puede venir con Daft Punk o es mucho pedir?

Fotos: Nicole Ahn

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