Fue un llamado de rutina. Nada muy trascendental. Lo que nunca me hubiese imaginado es que había discado el número incorrecto. Estuve hablando media hora con la persona equivocada. Le conté todo: de las cuentas bancarias en el exterior, las pintadas callejeras que hicimos el fin de semana y el criadero ilegal de mariposas. Hoy me levanté raro, como si todo el tiempo tuviese pantuflas puestas en los pies. En verdad toda la semana fue así, no sabría explicarlo en palabras así que opté ilustrarles los momentos mas trascendentales de los últimos días representados en secuencias emotivas de mi rostro.

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